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  • NO HAY VIDA SIN PECADO
  • Somos No hay Vida sin Pecado, wine, foods and other sins. Algo más que una pequeña bodega riojana, impulsada por el tesón de cuatro soñadores –dos bodegueros, un restaurador y un diseñador– relacionados de una u otra forma con el mundo del vino. La bodega está enclavada en España, en La Rioja, concretamente en la localidad de Oyón (Rioja Alavesa), cuna de grandes vinos de esta denominación calificada.

  • Hace varios años que comenzamos este singular proyecto con el propósito de dar un nuevo aire al mundo del vino de Rioja. Nacen de este sueño los Siete Pecados, un proyecto sugerente y complicado tanto por el desarrollo de los propios vinos como por la creación de una imagen diferente. Razones que nos han llevado a replantearlo todo desde cero: unos vinos de excelente calidad, con diferentes personalidades, nacidos de varietales minoritarios de Rioja, como el Tempranillo Peludo y el Graciano procedentes de nuestras 55 hectáreas de viñedo, con una media de 58 años de antigüedad, aunque tenemos algunas viñas de más de 100 años, lo que unido a la excelente localización de las mismas y la selección de estas variedades autóctonas y minoritarias garantiza la calidad de nuestros vinos. El trabajo en el campo empieza mucho antes de la plantación del viñedo. Lo primero es la elección de terrenos apropiados para el vino que estamos buscando, deben ser terrenos elevados, con tierras pobres, de muy poca producción. Siempre pensando que las viñas plantadas posteriormente no sufrirán el uso de tratamientos químicos, por lo que deben ser terrenos con una salubridad máxima. Todas estas características las resumen las viñas viejas, que aseguran y garantizan la calidad de nuestras uvas. Otro de los fundamentos en el que nos basamos es no usar fertilizantes químicos, lo cual reporta muchos beneficios a la hora de la elaboración de los vinos en la bodega como luego veremos, abonando la tierra exclusivamente con abonos totalmente orgánicos. Todas las labores realizadas a partir de aquí son manuales, (podar, escardar, desnietar, vendimiar, etc...) confiando en la perfecta comunión del hombre con la tierra. Por ello nuestra capacidad de producción no es muy alta, unos 250.000 litros anuales, de los cuales se destinan a nuestros vinos alrededor de un 50%.

  • Una vez las uvas llegan a la bodega, nuestro máximo empeño es trasladar la filosofía del viñedo a la elaboración del vino. Comenzamos seleccionando las uvas manualmente en la tolva de recepción, desechando todas las uvas que no consideramos válidas para nuestros vinos. Se despalillan y se introducen en los depósitos de fermentación, macerando en estos el tiempo que estimemos necesario, basándonos solamente en la cata para decidir cuando dar por finalizada la maceración. Durante este proceso se realizan dos remontados diarios con el fin de extraer el máximo de las uvas. Aquí comienza el verdadero reto y una de las cosas que nos hace una bodega cuando menos especial. En primer lugar no usamos ácido tartárico, porque nuestra elección de terrenos y la falta de uso de productos químicos, (potasas, nitratos, etc...), hacen que los vinos tengan una acidez total equilibrada, lo que permite dar por hecho que son vinos con una larga vida por delante, ya que la acidez total natural es mucho más estable que la rectificada con ácido tartárico. Tampoco usamos tanino añadido, aplicado ahora en el 100% de bodegas, en lugar de eso buscamos fermentaciones en madera, aprovechando así el tanino natural que esta posee. Otra de nuestras características es la fermentación sin el uso de levaduras cultivadas, ya que la uva que traemos a bodega tiene las suficientes bacterias al no matarlas en el campo con tratamientos químicos. Y por último, no olvidemos que el metabisulfito que contienen nuestros vinos es una dosis ínfima, lo que nos obliga a hacer catas semanales para ver la evolución que estos sufren.

  • Todos estos métodos no sólo desarrollan un producto natural, sino que son vinos sin ninguna alteración externa en cuanto a sabor y olor.Después de esto introducimos el vino en barricas tanto de roble francés como americano, y una vez más la cata es el único criterio para la decisión de que el vino está listo.Nuestro empeño en buscar los vinos más naturales posibles, tanto en los procesos antes descritos como en la cata, nos lleva a no filtrar ni estabilizar por frío, métodos que consideramos totalmente agresivos y perjudiciales para el vino.Por último, realizamos una segunda selección sobre el vino terminado, destinándose al embotellado de Siete Pecados solo los mejores vinos de la producción anual.

  • Las características organolépticas nos hablan de unos vinos muy complejos, con muchos matices. Cada uno de ellos dotado de una personalidad arrolladora y diferente. Cada pecado encuentra su reflejo en cada uno de estos vinos que no han sido elegidos al azar sino que se han desarrollado buscando al máximo la complicidad con cada uno de ellos. Son vinos jóvenes con baja crianza (salvo pereza que lleva un mayor tiempo durmiendo en barrica y en botella como no podía ser de otra forma) lo que hace que sean vinos sinceros, sin artificios. Las uvas utilizadas son diferentes coupages de Tempranillo, Tempranillo Peludo y Graciano. Provenientes de nuestras mejores y más antiguas viñas.

  • Sirva además el nombre y la imagen de los Siete Pecados para definir aún más nuestra personalidad transgresora, alejada de tópicos y abierta como supondréis a las mayores dosis de placer. El diseño ha influido en gran manera en el propio desarrollo de los vinos. Cada botella cuenta una historia. Cada pecado se representa de una manera que evoca diferentes sentimientos en el espectador. La Lujuria envuelta en una media de mujer, un tacto evocador a la hora de coger la botella, la Envidia deseando todo lo que tiene a su alrededor, por eso su acabado en espejo que refleja y atrapa su entorno. La Pereza como recién salida de un cementerio de botellas en el que hubiera estado durmiendo por tiempo indefinido, llena de polvo y con el texto inclinado porque le gusta estar tumbada. En otra botella encontramos un ataque de Ira en forma de etiqueta quemada... no lo pudimos evitar. La Soberbia, siempre por encima de los demás, destacando, en este caso, con cristales de Swarovski. La Gula no aguantó ni el tenedor que la abraza, dejándolo completamente inservible después de tanto uso y abuso y por último, para conseguir que aguante más tiempo sin que nadie la toque una cerradura guardando la Avaricia.

  • Ya sabéis; No hay Vida sin Pecado

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